Qué mirar cada día: una rutina de investigación de 30 minutos
Diez minutos de barrido, diez de fichas y diez de comparar contra la semana pasada. Qué campos anotar para que lo que viste el martes sirva el lunes, y qué no se puede deducir de un anuncio activo.
Media hora alcanza, siempre que la uses igual todos los días. Lo que arruina la investigación es empezar de cero cada vez: abrís la Biblioteca de Anuncios, scrolleás un rato, ves cosas, cerrás la pestaña y al otro día no te queda nada. Sin registro no hay comparación, y sin comparación un anuncio que viste el martes no significa nada.
Esto lo armamos para nosotros. Cargamos ofertas a mano, una por una, y necesitábamos que el trabajo del lunes sirviera el jueves. El reparto quedó así: diez minutos de barrido, diez de fichas, cinco de comparar contra la semana pasada, cinco de escribir una pregunta. Si te cierra otro reparto, cambialo. Cambialo una vez y bancátelo un mes, porque una rutina que se reacomoda cada semana no produce nada que después puedas comparar.
Diez minutos de barrido
Entrás a la Biblioteca de Anuncios de Meta, elegís el país, ponés la categoría en todos los anuncios y buscás por palabra. Las mismas palabras todos los días: cuatro o cinco que definan el mercado que mirás. En cuanto cambiás los términos, los resultados dejan de ser comparables con los de ayer y ya perdiste el sentido de haber anotado.
En esta parte no abrís páginas de venta. Scrolleás y separás: lo que ya tenés registrado y lo que aparece por primera vez. Los links nuevos van a un bloc de notas, sin mirarlos todavía. Diez minutos suelen dejarte más candidatos de los que vas a poder fichar, y está bien que sea así; la selección viene después, no mientras scrolleás.
El ruido es mucho. Vas a cruzar dropshipping físico, clínicas de estética, concesionarias, gente que anuncia un local de barrio. Descartar rápido es parte del ejercicio y se aprende en una semana.
Diez minutos de fichas
De todo lo que juntaste elegís cinco. El criterio es el parecido con el mercado que te interesa, no lo llamativo del anuncio. De cada uno anotás los mismos campos, en la misma planilla, en el mismo orden.
- La fecha de hoy.
- Anunciante y link directo al anuncio.
- La fecha de inicio que muestra la biblioteca.
- Cuántas variantes activas tiene esa misma pieza.
- El primer renglón del texto, copiado tal cual, sin resumir.
- A dónde te lleva el clic: página de venta, cuestionario, grupo, lista de espera, chat.
- Precio a la vista, o "sin precio a la vista".
- Formato del creativo: alguien hablando a cámara, captura de pantalla, texto sobre fondo plano, carrusel.
- Un renglón tuyo con lo que te llamó la atención.
El campo del texto copiado es el que más cuesta sostener y el que más rinde con el tiempo. Cuando resumís —"promete resultados rápidos"— borrás justo la parte que servía. A los treinta días tenés ciento cincuenta primeras líneas textuales y recién ahí se empieza a ver cómo habla ese mercado: qué palabra usan todos, cuál no usa nadie, dónde ponen el precio y dónde lo esconden.
Si llevás esto en una planilla, el trabajo manual es exactamente ese. Hay catálogos ya armados —el de espiad se mantiene a mano, oferta por oferta, así que en cualquier momento una parte puede estar desactualizada—, y aun usando uno conviene abrir la biblioteca y mirar el anuncio vos mismo, porque la fuente es esa y no el resumen de nadie.
Cinco minutos contra la semana pasada
Abrís la planilla filtrada por el mismo día de la semana anterior y hacés tres chequeos. Primero, de las cinco fichas de hace siete días, cuántas siguen activas en la biblioteca. Después, cuáles desaparecieron. Y por último cuáles sumaron variantes, o sea, la misma oferta con más versiones del anuncio corriendo a la vez.
Esos tres números por semana son todo el tablero que necesitás al principio. Anotalos en una fila aparte, con la fecha. Al mes y medio tenés una línea de tiempo del mercado hecha por vos, con tus criterios y con la fuente a un clic de distancia.
También se anota lo que cambió adentro del anuncio, no solo en la lista: el mismo anunciante que la semana pasada mandaba a una página de venta y ahora manda a un cuestionario, el precio que estaba a la vista y desapareció, el video a cámara que se volvió captura de pantalla. Ese tipo de movimiento es de lo más informativo que vas a juntar, y no aparece si no tenés escrito el estado anterior.
Cinco minutos para una pregunta
Cerrás escribiendo una sola pregunta que hoy no podés contestar. Sirve cualquiera que sea concreta: por qué en este mercado nadie muestra el precio en el anuncio, por qué tres anunciantes distintos arrancan el texto igual, qué pasa con los que mandan a un grupo en vez de a una página.
La pregunta de hoy es el barrido de mañana. Es lo que evita que la rutina se convierta en mirar por mirar.
Lo que esto no contesta
Acá está la parte incómoda, y conviene tenerla clara antes de sacar cualquier conclusión: que alguien esté anunciando no prueba que venda. Tampoco prueba que le cierren los números. Lo único que prueba un anuncio activo es que hay alguien gastando plata.
Un anuncio que lleva meses corriendo puede ser una campaña que funciona. También puede ser una cuenta mal configurada que nadie revisó, plata que entra de otro lado, o alguien que se empacó y sigue pagando. Desde afuera no hay manera de distinguir un caso del otro. La biblioteca te muestra la pieza y la fecha de inicio; no te muestra el gasto, ni las ventas, ni las devoluciones, ni lo que le cuesta cada clic.
Y las cuentas propias cambian todo. Va un ejemplo, y lo aclaro de entrada: los números que siguen son inventados, están solo para mostrar el razonamiento. Si mirás una oferta que se vende a 20 dólares y armás algo parecido, pero tu página convierte la mitad y tu clic sale el doble, la aritmética que te imaginaste no existe. Por eso ninguna decisión de gasto debería salir de esta rutina. Sale de una prueba chica, con tu plata, midiendo lo tuyo.
El viernes se usa distinto
Una vez por semana no hacés fichas. Releés las veinte de los últimos cuatro días y te hacés una sola pregunta: de todo esto, qué toca algo que yo ya sé hacer.
El punto de mirar un mercado es entenderlo para crear algo propio, no sacar un molde. Si venís de dar clases de guitarra durante ocho años, lo que te dejó la rutina es cómo compra la gente de ese rubro y qué se pregunta antes de pagar; el producto sale de tus ocho años, no del anuncio que viste el jueves.
Todo lo que toque marca, textos, imágenes, nombres, personajes o contratos se consulta con un abogado antes de publicar. Nosotros no damos consejo legal y no te vamos a decir dónde está el límite, porque depende del caso, del país y de cosas que un blog no puede evaluar. Si dudás con algo, preguntale a alguien que ejerza.
A los dos meses la planilla contesta poco y pregunta bastante. Ese es el resultado esperable. Te quedás con hipótesis más finas, con menos certezas de las que tenías al empezar y con una idea bastante concreta de qué tendrías que probar vos, con tus números, antes de poner un peso.